"Nos venden la idea de que cuando seamos adultos ya tendremos todo resuelto": Entrevista a Gabriela Otalora
Gabriela Otálora es diseñadora gráfica con énfasis en ilustración de la Universidad Nacional de Colombia. En 2020 fue ganadora de la Revisión de Portafolios de Ilustración, organizada por la Cámara Colombiana del Libro, Casatinta, ACLIJ e Idartes. Su trabajo ha sido seleccionado para el catálogo Iberoamérica Ilustra y sus ilustraciones hacen parte de publicaciones como Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes y Bogotá contada para niñas y niños. Su obra se caracteriza por explorar, a través de la imagen, emociones y experiencias cotidianas con una sensibilidad que invita a la reflexión.
En Crecer, Gabriela Otálora construye, con una imaginación tan ingeniosa como profundamente sensible, la historia de un hombre que lleva ramas en la cabeza y comparte su vida con una pequeña ave. Juntos transitan la cotidianidad: descansan, trabajan, cocinan, juegan y disfrutan de los pequeños momentos. Sin embargo, cuando el protagonista comienza a transformarse, ambos deberán enfrentarse a los cambios que trae el crecimiento y descubrir que crecer también implica aprender a adaptarse, dar espacio al otro y aceptar que la vida nunca permanece igual.
En esta conversación hablamos sobre los libros que marcaron la infancia de Gabriela, su camino hacia la ilustración y la experiencia de formar parte de Iberoamérica Ilustra. También profundizamos en el proceso creativo detrás de Crecer, como el origen del hombre con ramas en la cabeza, el simbolismo de la naturaleza, la adultez como una etapa en constante transformación y los cambios personales que la autora vivió mientras daba forma a este libro.
Para comenzar, siempre me gusta conocer la parte lectora de los escritores e ilustradores que pasan por este espacio. ¿Cómo llegan los libros a tu vida?
Los libros siempre estuvieron ahí. Mi mamá es profesora, así que desde muy pequeña me llevaba muchos libros y en mi casa siempre hubo una biblioteca muy presente. Recuerdo especialmente los libros ilustrados; veía muchísimos cuando era niña. Me gustaba mucho Anthony Browne, por ejemplo.
Siempre me gustó dibujar, entonces esas dos cosas fueron de la mano. Hace poco mi mamá me recordó que una vez me regaló un libro que no tenía ilustraciones... y yo terminé ilustrándolo.
Estuviste en Iberoamérica Ilustra, que es un hito para cualquier ilustrador. ¿Qué encontraste allí al ver el trabajo de ilustradores de otros países?
Fue una experiencia muy bonita. Me sentía muy feliz de haber sido seleccionada, además en mis primeros años como ilustradora.
Me gustó mucho conocer las distintas propuestas, las técnicas que utiliza cada quien y la manera en que cuentan historias. Se reúnen ilustradores con trabajos muy innovadores y fue muy inspirador poder ver tantas formas diferentes de narrar desde la imagen.
El libro se llama Crecer. Es una palabra corta, pero muy contundente. Me llamó mucho la atención que abordaras el crecimiento desde un adulto y no desde un niño, como suele hacerse. ¿Por qué elegiste ese camino?
Me gusta que lo hayas notado. Siento que, de alguna manera, nos venden la idea de que cuando seamos adultos ya tendremos todo resuelto.
Y la realidad fue completamente distinta. Llegué a la adultez y todavía había muchísimas cosas que no sabía cómo enfrentar.
Me interesaba mostrar justamente eso: un adulto que parece tener una vida estable, un trabajo, un mejor amigo... pero al que de repente algo le cambia completamente la vida y lo obliga a seguir creciendo.
Una de las imágenes más llamativas del libro es este hombre al que empiezan a salirle ramas de la cabeza. ¿Cómo nació esa idea?
Surgió en un taller de ilustración en la universidad. Nos dieron tres palabras y teníamos que construir una imagen. A mí me correspondieron algo así como "hombre", "planta" y "pájaro".
De ese ejercicio salió la primera ilustración. Años después retomé esa imagen y la fui desarrollando hasta convertirla en el libro.
Mientras leía pensaba que las ramas representan algo rígido, casi inmóvil. Cuando pienso en una rama, inmediatamente la relaciono con algo muy estático. Pienso en árboles que permanecen durante siglos y que probablemente seguirán ahí cuando nosotros ya no estemos. ¿Hay allí una metáfora sobre el adulto que intenta seguir siendo flexible?
Sí, va un poco por ahí.
Inicialmente quería que las ramas fueran algo muy disruptivo para el personaje. Le dificultan absolutamente todo. Incluso al comienzo ni siquiera puede viajar cómodamente en un bus porque las ramas se enredan.
Son algo rígido que no puede cambiar, pero justamente debe aprender a adaptarse a esa nueva realidad y encontrar maneras de vivir con ella.
También me llama mucho la atención la compañía de este hombre. Está ese pajarito que, conforme él va creciendo, empieza a alejarse. Mientras leía, pensaba mucho en las relaciones amorosas. De hecho, una frase del libro dice: "Estar juntos no siempre es fácil." ¿También querías hablar del espacio personal dentro de una relación?
Estos personajes prácticamente han estado juntos desde que nacieron. Pero llega un momento en el que ambos crecen de maneras distintas. Necesitan tomar cierta distancia porque ya no se entienden del todo. Entonces deben descubrir si realmente quieren seguir juntos o no.
De hecho, hubo una versión del libro cuyo final era distinto y ellos no permanecían juntos.
Menos mal ese no fue el final. El protagonista está profundamente conectado con la naturaleza: le nacen ramas, su mejor amigo es un pájaro y, en contraste, la ciudad parece incomodarlo. ¿Qué representa para ti la naturaleza?
Aunque soy de Bogotá y crecí en la ciudad, la naturaleza siempre fue importante para mí. Estudié en un colegio campestre y pasaba mucho tiempo en parques, subiéndome a los árboles, jugando con tierra.
Nunca lo había pensado conscientemente, pero creo que en el libro terminé reuniendo esos dos mundos: la ciudad y la naturaleza. No quería dejar ninguno de los dos por fuera.
¿Qué parte de ti cambió mientras hacías Crecer?
Bastantes. Comencé este libro hace casi cinco años, así que crecí con él. El libro también creció. Tuvo varias versiones y pasó por muchos momentos. Incluso hubo etapas en las que no tenía texto, solo ilustraciones.
Realmente fue uno de mis primeros intentos de hacer un libro. Así que sí, crecimos un poco a la par.
Al final del libro dices que crecer es estar vivo. Entonces quiero terminar preguntándote: ¿cuál ha sido el momento en que más viva te has sentido durante este último año?
Creo que ha sido ver cómo muchas semillas que llevaba años sembrando empezaron finalmente a dar frutos.
La publicación del libro y otros logros profesionales me hicieron sentir que mi vida está empezando a tomar el rumbo que soñaba hace algunos años.
Gabriela, muchísimas gracias por acompañarnos y por este espacio. Agradecemos al Fondo de Cultura Económica por abrirnos las puertas para hacer posible este encuentro con Gabriela Otálora y por seguir impulsando la literatura ilustrada que invita a lectores de todas las edades a mirar el mundo desde nuevas perspectivas. Ya saben que pueden conseguir Crecer en las librerías del Fondo de Cultura.

